Sin sospechas ni objetivos, me dejo caer en luces color azul índigo.
Tienes paredes con las que suelo chocar, tienes paredes que suelo saltar.
Olvida tu pared, sonríeme y festejemos nuestra rabia.
No hay pasos que detengan mi tranquilidad, no hay insultos que paren mi felicidad.
No comprendo el porqué de tu amargo actuar. Tampoco me interesa.
Pero suele ser el centro mi plaza, el centro de tus ojos y el centro de los míos.
Tómense las manos, corran, corran lejos, no miren atrás y sonrientes salten en un pié.
Luego vengan a mi casa y me cuentan su experiencia.
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| La ciudad nos llama, y tu ni sonríes. |

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