Cuando cabro chico recuerdo que la gente me pintaba la vida de mil colores.
Nunca voy a olvidar esa vez cuando iba en segundo básico, yo aun tenía seis y la vida me parecía un juguete que nunca se iba a romper, el profesor hablaba de los ángeles, de Dios y de ese hermoso lugar llamado Paraíso. El profesor contaba que una vez cuando joven estaba vacacionando cerca de un lago, él había ido a caminar un rato por la orilla de este cuando de repente observa que un niño se pone a jugar cerca de una parte profunda de el lago, en un momento el niño se tropezó casi cayéndose a este, ¿Saben porqué no se cayó al agua el pequeño?, preguntaba el profesor a toda la clase mientras mi compañeros y yo nos preguntábamos la razón, el profesor respondió que todo había sido el milagro de un ángel el cual sostuvo al pequeño, aseguraba que lo que él acababa de presenciar era cierto y que sus ojos no mentían mientras en mi cabeza se formaban una increíble seguridad de un mundo sano lleno de ángeles salvadores. Pasaron dos meses y lo que yo mas amaba en mi vida simplemente se había ido.
No le pintes de lindos colores la cabeza ingenua de un niño, la vida sigue y termina cuando menos lo imaginas.
El paraíso quizás es la muerte, un logro alcanzable por todos, pero que miedo da a cualquiera.
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